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Es función del profesorado facilitar la comprensión de la realidad mediante la educación del pensamiento; leer y escribir como medio de resolver necesidades prácticas y concretas que diseñamos en contextos VESS.

El proceso por el que pasa un alumno para lograr aprender a leer y escribir de manera satisfactoria respetando los ritmos que su propio nivel madurativo impone comenzará con tres problemas: lo que el contexto le va a demandar, las carencias formativas de su propio maestro y la tardanza con la que se le embarcará en actualizaciones pedagógicas que le ayuden.

Curricularmente me atrevería a decir que en ningún país del mundo se exige al alumnado de entre tres y seis años que termine la primera etapa educativa leyendo en verso y escribiendo en pluma. Atendiendo a esto, y contemplando los distintos niveles de exigencia al respecto que se especifiquen en cada modelo educativo, no parece tener mucho sentido que en muchos lugares se precise de manuales concretos para llevar a cabo este aprendizaje en las aulas. Partiendo de que de un modo general siempre se habla de iniciación, motivación o descubrimiento del maravilloso mundo de las letras, no cabe entenderse el motivo por el cual algunos discentes son torturados por sus profesores para que aprendan a leer y escribir en el tiempo y forma que el adulto indica.

Por tanto, la concreción de esa ley no escrita que obliga a leer y escribir a los niños de Infantil viene dada por el entorno sociocultural en el que se ubiquen los distintos centros escolares, bien por la propia idiosincrasia de éstos, bien por la propia influencia de las familias.

Asimismo, podría hablarse de falta de formación del profesorado para poder enseñar la lectoescritura al desconocer, por un lado, los instrumentos pedagógicos más eficaces (qué características aplicar de lo que sabemos de los modelos analítico, sintético o mixto; método Montessori, aplicaciones digitales o el enfoque constructivista) y, por otro lado, cómo aprende realmente el cerebro del niño y qué aportaciones está haciendo la neurociencia para avanzar en este conocimiento. En este último sentido no deberían sentirse como lejanas las voces de algunos autores en este campo que, aunando neurología, psicología y educación, buscan configurar un camino por el que transitar hacia la corrección de los errores sintomáticos de la escuela y convertir a los docentes en mediadores del saber.

Por último, haciendo referencia a no llegar a tiempo al cambio, a no autoaplicarnos the learning pit, aparece VESS. Si encontramos en él un modelo holístico que discurre entre valles de los mejores pensadores, corrientes y praxis demostradas, que reúne en torno a sí a los docentes, y contemplando que nos dice que la lectoescritura es la adquisición de las habilidades de lectura y escritura que están asociadas a diferentes dominios del desarrollo humano en los que debemos cuidar comunicación, aspectos cognitivos, artísticos, de bienestar personal, ciudadanos, éticos y morales; estaremos por tanto venciendo paradigmas culturales, aplicando conocimientos neurocientíficos, mejorando el rol docente y poniendo por ende al alumno como centro y constructor de cómo y cuándo va a aprender a leer y escribir.

Este artículo fue publicado en la primera edición de VESS EduJournal  por Francisco Rodríguez del Colegio La Purísima Carmelitas Misioneras Teresianas Torrevieja

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